La historia detrás de Ginger

Bolsos hechos a mano, con historia y corazón

Cómo empezó todo

En 2024, después de años dedicados a la arquitectura, sentí la necesidad de reconectar con mi creatividad. Me anoté en un taller de costura, sin grandes expectativas, pensando que aprendería a hacer ropa. Tenía una máquina guardada hacía tiempo, casi olvidada. Pero el primer proyecto fue un necessaire… y algo se encendió. Me reencontré con una parte de mí que estaba dormida: el amor por crear con las manos. Soy Vir, y esa experiencia fue el punto de partida. Así nació Ginger: una marca de bolsos hechos a mano en Argentina, pensada para celebrar lo artesanal, lo emocional y lo auténtico.

De arquitecta a creadora

Durante años diseñé espacios, planos y estructuras. Pero en ese taller, descubrí que también podía diseñar objetos que acompañan a las personas en su día a día. Empecé haciendo regalos para amigas, luego bolsos para mi hermana, y cuando vi que gustaban, me animé a venderlos. Así nació Ginger: una marca de bolsos hechos a mano en Argentina, con diseño, dedicación y alma.

El valor de lo hecho a mano

Cada pieza que creo tiene una historia. No es producción en serie, es tiempo, detalle y emoción. Me importa que cada bolso tenga terminaciones cuidadas, que el interior esté forrado, que los materiales sean elegidos con intención. Lo artesanal tiene valor porque lleva algo de quien lo hace, y algo de quien lo elige.

Mi conexión con mi abuela y la costura

Cuando era chica, cosía ropa para mis muñecas Barbie. Mi abuela era modista, y muchas veces cosíamos juntas. Ella me enseñó lo básico, y me transmitió el amor por lo hecho a mano. Hoy, cada vez que me siento a coser, siento que estoy volviendo a ese lugar seguro, creativo y lleno de recuerdos.